Cultura, valores y el corazón de la gente

Juan José López Jurado

Profesor de Comportamiento Organizacional en la Facultad de CC. EE. y Empresariales, ICADE

Google consiguió mantener en silencio durante unos cuatro años la verdad del caso A. Rubin, el creador de Android. En octubre de 2018, el New York Times, publicaba la noticia, la compañía que le elogió al máximo a su salida y le pagó 90 millones de dólares, no hizo pública la verdad, y guardó silencio sobre una demanda por abuso sexual.

El grado de indignación fue tan intenso que tan solo unos días después miles de empleados de todas las oficinas del mundo salieron a la calle a protestar bajo el lema Paro por el cambio real, amplificado en las redes sociales con la etiqueta #GoogleWalkOut.  Fue un movimiento informal, engendrado en las bases y compartido en todas las sedes del mundo. Hoy, un par de años después, son patentes los cambios culturales y las iniciativas que la compañía ha adoptado para promover y, en su caso, penalizar comportamientos indeseados.

Son muchas las organizaciones que se esfuerzan por construir culturas corporativas y, por ende, definir una serie de valores que, en muchos casos, coinciden con lo esperado por la sociedad y no dejan de ser políticamente correctos. En algunos casos son valores edulcorados y que no nacen de una reflexión genuina y comprometida desde la más alta dirección y promovida de abajo arriba, contando con las personas que conforman la organización.

Del conocido ranking Fortune Global 500”, conocemos que el 55 % de las empresas contienen, entre sus valores principales, la integridad, el 49 % la satisfacción del cliente y el 40 % el trabajo en equipo. En principio, la declaración de valores debe marcar a fuego las reglas de conducta en la organización e impactar profundamente en la cultura empresarial. Cuando estos principios o valores no son realistas, consensuados y compartidos, no dejan de ser simples declaraciones sin valor alguno y los resultados suelen ser funestos. Tenemos en la memoria los casos de grandes corporaciones como, Enron, Lehman Brothers o, más recientemente, el caso Volkswagen. Más cercano y en nuestro país, el caso de la huida de socios y personal de Coopers & Lybrand a Ernst & Young (E&Y). En todos ellos el comportamiento desleal, e incluso penal, de muchos de los directivos hacía pedazos la declaración de valores escrita y publicada, y todos conocemos las consecuencias.

Son las conductas, los modos de hacer y sentir de la empresa, las reglas no escritas, la toma de decisiones por parte de la dirección, hechos y no palabras grandilocuentes, los que va a definir la cultura informal, siendo esta, sin duda, la mejor fuente para obtener y destilar los principios que a su vez sirvan de brújula a los que van llegando a bordo.

Al igual que ocurrió en la anterior crisis económica del 2008, causada para muchos, por la negligencia y el olvido de ciertos valores éticos y tomando en cuenta las grandes diferencias en relación con los detonantes, esta crisis actual en la que estamos inmersos y que abarca no sólo lo económico sino también lo social, lo humano, puede que traiga como resultado cambios importantes en las culturas empresariales.

Después de que las personas se hayan enfrentado a fuertes acontecimientos emocionales se suele dar una reducción en su resistencia al cambio. Los valores y las creencias más arraigadas residen en el corazón, no en la cabeza. Esta es la razón por las que las declaraciones de valores que cuelgan como proclamas en las paredes de muchos despachos, pero que no viven en los corazones, no tienen ningún impacto.

Si de algo somos conscientes y comenzamos a obtener evidencias, es de la fuerte necesidad que hoy en día los empleados exigen y valoran de sus empresas, el sentimiento de pertenencia y seguridad psicológica. Se cambia a través de una experiencia personal plena, no por la asistencia a un seminario o una charla intelectual.

Puede que sea hora de que las direcciones caigan en la cuenta de que para obtener y transmitir los valores y cultura de la empresa es necesario tocar el corazón de la gente.

El libro

Escribe y pulsa intro para buscar